La vida de un escritor se puede formar de muchas maneras, exponerse a libros, películas o gente interesante dota a un escritor de muchas herramientas culturales para que su acervo pueda seguir creciendo, su dominio de la palabra, sintaxis y gramática es lo menos que se puede esperar del escritor, lo que realmente conduce a un escritor al camino de la innovación y aquel camino diferente que conlleva él mismo a través de su vida es el de reflexión, introspección, duda, asombro y mucho trabajo. No es fácil ser un escritor galardonado que simplemente cumple con lo que el público espera de él y sin duda aquello que vende no es su prioridad en cuanto a su trabajo.

Muchos escritores han pasado toda su vida intentando entender el mundo de la literatura y dramaturgia, es importante que un escritor se mantenga alerta a aquello que alegra su alma y lo impulsa a escribir, muchas han sido las alternativas que escritores han encontrado para poder plasmar su trabajo y no ha sido un trabajo esporádico, todos los días el escritor busca como poder expresarse de la manera en que ellos sienten las palabras empiezan a fluir.

Miguel Delibes, escritor español encontró en la naturaleza la riqueza de su acervo, pudo compartir al mundo la belleza y el mundo mágico que rodea a la naturaleza y todo aquello que la habita, su trabajo danzaba en torno a la condición del ser humano, su decadencia e ingenua percepción en cuanto al “progreso” y su deslindamiento total con el mismo y la naturaleza que lo rodea. Su obra fue de gran importancia para la literatura y se mantiene siendo uno de los escritores españoles más importantes.

Su trabajo no puede ser más relevante ahora mismo en un momento tan destructivo para el ser humano en donde en pos del proceso creemos que las respuestas que a veces buscamos conllevan respuestas correctas, sin embargo no pensamos mucho en el futuro ya que toda respuesta momentánea conlleva un efecto duradero y postergado que solamente aparecerá cuando sea demasiado tarde, el autor se preocupaba por esto y criticaba fuertemente el estado en el que se encontraba la sociedad.

«Es la civilización del consumo en estado puro, de la incesante renovación de los objetos —en buena parte, innecesarios— y, en consecuencia, del desperdicio», ahora estamos ahogando a la vida marina con plástico, en algunas zonas del mundo no existe el agua potable y se comienza a hablar de una distopía viable, la guerra del agua no tarda en llegar y muchas tragedias naturales acorralan al ser humano para que se haga responsable de su propio destino, enfrentarse ante sus acciones y corregirlas o encarar la extinción y agotamiento de recursos.

Qué gran tesoro para la humanidad ha dejado Miguel Delibes, su trabajo refleja un estado en el que la sociedad se encuentra el día de hoy y es curioso pensar que sus obras datan de 1947 a 1998, sin duda un autor adelantado para su tiempo, reflejando aquello en lo que nos convertiremos por nuestra propia mano y nuestro inocente hedonismo.

El autor sostiene que: «El hombre, de esta manera, se despersonaliza y las comunidades degeneran en unas masas amorfas, sumisas, fácilmente controlables desde el poder concentrado en unas pocas manos». Enfrentándonos a nuestra propia naturaleza impuesta por la modernidad y hacernos reflexionar sobre aquello que nos hace, los sistemas impuestos y levantar dudas sobre sus orígenes y propósitos para la con la sociedad humana.

Es importante mirar su legado y comprender que este era un hombre en el pasado, por así decirlo con una fuerte visión hacia el futuro, creía firmemente en el daño moral y social que nos ha producido la poca reflexión humana que existe en la sociedad de hoy y cómo esto nos aleja de nosotros mismos y de lo que somos, sin embargo Delibes no se opone al progreso como muchos piensan sino que mantenía una crítica dura y objetiva sobre nuestras acciones como sociedad y como seres humanos con la esperanza de cultivar reflexión y mantener cierta duda sobre nosotros y nuestras acciones como especie.